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Es en Misiones, en una espléndida mañana de luz , de sol
y colores; Ara Puiré ,el niño que cayó un día
de la luna, envuelto en un manto de oro, se mece en una piragua (pequeño
bote de madera) . El Paraná ancho y tranquilo semeja un vasto espejo
brillante. Los loros y las cotorras charlan sin descanso en los árboles
de la orilla y los juncos balancean sus tallos flexibles. Ara Puiré,
el niño hermoso como el sol y como la luna, entrecerrando sus ojos,
acecha la tararira y la boga, que pasará entre sus aguas, al alcance
de su flecha.
_Tabaré
es viejo, ojalá que al correr se rompa una pierna.
Los silbidos se aproximan, Ara Puiré no se mueve. Al fin, en la cima de la barranca, se dibuja presisa la silueta de Tabaré.
Ven, ven pronto Ara Puiré,tu Ña ( Madre) te espera.
¡Su Ña! ¡Al fin! ¿será la luna?¿quizá una estrella? Ara Puiré ágil y ligero, abandóna la piragua, estrella contra un árbol el débil pescado que tenía en la mano, y trepa la barranca. Bajo una palmera una vieja mendiga andrajosa le tiende los brazos.
_Hijo mío
_ exclama_soy tu madre.
_No, tú
no eres mi Ña. Yo soy el hijo de la luna y del sol, tú solo
eres una vieja loca...
_¡¡No!!_interrumpió la pobre mendiga con lágrimas que brotaban de sus tristes ojos_eres en verdad mi hijo; vencida por la fatalidad, he debído dejarte abandonado por un día, pero he recorrído a pie el mundo entero para encontrarte. Ven, mis pies sangran, no puedo dar un paso mas, acércate!...
Entonces
Ara Puiré enfureció.
_Vieja idiota,
mendiga y andrajosa, no sigas diciendo eso si no quieres que con
mi flecha te vacíe los ojos.
_No me hables así por favor hijo mío_ dijo la arrepentida madre_ solo te pido que tengas piedad de mí, sé que no fuí una buena madre, que te dejé abandonado , pero los dioses se han apiadado de mí dándome la oportunidad de volver a ser una buena madre como siempre quise ser, solo te pido que me perdones y que me ayudes a que seamos felices.
_Yo solo
sé que soy el hijo de la luna y el sol, mi extrema belleza no podría
compararse núnca con tu orrible, ajada y mugrienta piel, eres mas
fea que un sapo y una víbora juntas, nunca podrias ser mi madre_Replicó
Ara Puiré, y diciendo esto cargó su arco, disparó
una flecha contra su pobre madre y huyó.
De los ojos de la anciana brotó un largo reguero de sangre, poco a poco se fue desvaneciéndo hasta caer muerta en el suelo.
El dios de las aguas, al ver tan malvada actitud, decidió castigarlo por su tal desprecio, y al ver que iba corriendo al pueblo, hizo enterar a
todos los niños del lugar de lo que habia hecho.
Cuando el jóven malvado fué en busca de los indiecitos de Tacurú Pucú para volver y apedrear a la anciana, éstos lo rechazaron de tal forma que, Ara Puiré, con un orgullo irremediable, se volvió al río insultando y despreciando la actitud de los jóvenes aborigenes.
Bajó entonces la barranca, y al mirarse en las aguas, descubrió que su reflejo no era ese bello rostro al que estaba acostumbrado a mirar. Su
cara habíase transformado en el rostro de un feo sapo,verde y feo,
y al mirar su cuerpo, descubrió que éste ya no tenía
brazos ni piernas, y en lugar de su fornida musculatura, un delgado cuerpo
escamoso y húmedo como el de la víbora había
nacido.
Es así como los Misioneros cuentan el nacimiento del Ará Puiré, un animal con cara de sapo y cuerpo de víbora, que en su tiempo fue tan hermoso como el sol y la luna, que buscará eternamente a su madre, sin encontrarla jamás, por haberla despreciado.
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