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Ara Puiré

(Leyenda Misionera)

Es en Misiones, en una espléndida mañana de luz , de sol y colores; Ara Puiré ,el niño que cayó un día de la luna, envuelto en un manto de oro, se mece en una piragua (pequeño bote de madera) . El Paraná ancho y tranquilo semeja un vasto espejo brillante. Los loros y las cotorras charlan sin descanso en los árboles de la orilla y los juncos balancean sus tallos flexibles. Ara Puiré, el niño hermoso como el sol y como la luna, entrecerrando sus ojos, acecha la tararira y la boga, que pasará entre sus aguas, al alcance de su flecha.
Ara Puiré es hermoso, el cielo no es mas azul que sus ojos, el sol no es mas brillante que sus cabellos rubios; su boca es roja, como la roja flor del Ceibo.
Ara Puiré conoce su hermosura y por ello es orgulloso. Desprecia a los otros niños indigenas de Tucurú Pucú, los castiga y maltrata, porque son de tez bronceada y de cabellos  negros y lacios. Se hace servir como un cacique_Yo soy  _dice  _ el hijo del sol y de la luna; mata a los pájaros y los insectos, es dañino, insolente y perverso.
se compláce arrancando los ojos al chacá, pisoteando las flores de la selva, desgajando las ramas de los áboles, y destrozando los nidos del hornero.
A pesar de todo esto, todos aman a el niño porque su belleza puede comprar el alma y la voluntad de culaquier persona, incluso algunos dioses. De pronto oye un largo silbido, parecido al del "carpintero". Es Tabaré, el indio que lo ha criado, quien lo llama, y al oir su llamado que repercute en el silencio de la selva,  Ara Puiré piensa con crueldad.

_Tabaré es viejo, ojalá que al correr se rompa una pierna. Los silbidos se aproximan, Ara Puiré no se mueve. Al fin, en la cima de la barranca, se dibuja presisa la silueta de Tabaré. Ven, ven pronto Ara Puiré,tu Ña ( Madre) te espera. ¡Su Ña! ¡Al fin! ¿será la luna?¿quizá una estrella? Ara Puiré ágil y ligero, abandóna la piragua, estrella contra un árbol el débil pescado que tenía en la mano, y trepa la barranca. Bajo una palmera una vieja mendiga andrajosa le tiende los brazos. _Hijo mío _ exclama_soy tu madre. _No, tú no eres mi Ña. Yo soy el hijo de la luna y del sol, tú solo eres una vieja loca... _¡¡No!!_interrumpió la pobre mendiga con lágrimas que brotaban de sus  tristes ojos_eres en verdad mi hijo; vencida por la fatalidad, he debído dejarte abandonado por un día, pero he recorrído a pie el mundo entero para encontrarte. Ven, mis pies sangran, no puedo dar un paso mas, acércate!... Entonces Ara Puiré enfureció. _Vieja idiota, mendiga y andrajosa, no sigas diciendo eso si no quieres que  con mi flecha te vacíe los ojos. _No me hables así por favor hijo mío_ dijo la arrepentida madre_ solo te pido que tengas piedad de mí, sé que no fuí una buena madre, que te dejé abandonado , pero los dioses se han apiadado de mí dándome la oportunidad de volver a ser una buena madre como siempre quise ser, solo te pido que me perdones y que me ayudes a que seamos felices. _Yo solo sé que soy el hijo de la luna y el sol, mi extrema belleza no podría compararse núnca con tu orrible, ajada y mugrienta piel, eres mas fea que un sapo y una víbora juntas, nunca podrias ser mi madre_Replicó Ara Puiré, y diciendo esto cargó su arco, disparó una flecha contra su pobre madre y huyó. De los ojos de la anciana brotó un largo reguero de sangre, poco a poco se fue desvaneciéndo hasta caer muerta en el suelo. El dios de las aguas, al ver tan malvada actitud, decidió castigarlo por su tal desprecio, y al ver que iba corriendo al pueblo, hizo enterar a todos los niños del lugar de lo que habia hecho. Cuando el jóven malvado fué en busca de los indiecitos de Tacurú Pucú para volver y apedrear a la anciana, éstos lo rechazaron de tal forma que, Ara Puiré, con un orgullo irremediable, se volvió al río insultando y despreciando la  actitud de los jóvenes aborigenes. Bajó entonces la barranca, y al mirarse en las aguas, descubrió que su reflejo no era ese bello rostro al que estaba acostumbrado a mirar. Su cara habíase transformado en el rostro de un feo sapo,verde y feo, y al mirar su cuerpo, descubrió que éste ya no tenía brazos ni piernas, y en lugar de su fornida musculatura, un delgado cuerpo escamoso y húmedo como el de la víbora  había nacido. Es así como los Misioneros cuentan el nacimiento del Ará Puiré, un animal con cara de sapo y cuerpo de víbora, que en su tiempo fue tan hermoso como el sol  y la luna, que buscará eternamente a su madre, sin encontrarla jamás, por haberla despreciado.

FIN

LILIA LACOSTE (Leyendas Misioneras)

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