Free Web Hosting Provider - Web Hosting - E-commerce - High Speed Internet - Free Web Page
Search the Web

ALPARGATAS

 
PILCHAS

Alpargatas

No cabe ninguna duda que esta prenda, que como la boina, trajeron los vascos, españoles o franceses, al Plata, hacia la tercera década del siglo pasado, es la heredera funcional de la bota de potro. Prenda de trabajo, pero, sobre todo, predilecta para la práctica del famoso juego de pelota, tan popularizado en nuestro campo por aquellos fuertes, animosos y heroicos hijos de Vizcaya. Esto sin dejar de lado que, esta especie de zapatilla de fuerte loneta con suela de cuerda de yute o cáñamo, enrollado; al par liviana, elástica, resistente, sólida y de buen "agarre" al piso, tuvo uso bastante generalizado en otras regiones de España, como Cataluña, de donde no sólo provino, también, un buen número de inmigrantes, sino distintos útiles y bienes de consumo, en los últimos años, del período colonial y aun en los primeros del ciclo independiente. Consta que, al margen de aquellas que traían los propios usuarios se iban "acriollando", desde los años treinta y tantos del pasado siglo, llegaron al Río de la Plata las primeras "formales" importaciones de la útil pilcha, ya reclamada intensamente en los medios rurales, alrededor de 1865. Como los ponchos, las telas para chiripás, las bombillas, las calderas, y una larga lista de etcétera, venían de Inglaterra, donde, naturalmente, no se usaban las alpargatas, pero cuya industria en pleno "boom" expansivo no perdía rubro donde emplear su energía, en el sentido literal de la palabra, y venían consignadas a representantes de firmas de aquel país. Pero a diferencia de lo que ocurrió con muchas de aquellas otras prendas y útiles, para cuyo abastecimiento durante muchos años seguimos dependiendo de la manufactura europea, en general, y la británica en particular, la humilde alpargata encontraría en los entusiasmos, la iniciativa y la característica tozudez de un coterráneo, el vasco don Juan Etchegaray, desde 1870, una fuente de producción local. En efecto, desde ese año, y en su local instalado en Buenos Aires, en calle La Larga (hoy Montes de Oca), con lona adquirida a la firma Douglas Frazer and Sons, de Arbroath, Escocia, especialistas en la fabricación de dichos materiales para velas, y con esparto para las suelas, traído de la España natal, empezó la fabricación de alpargatas en el Río de la Plata. La que continuó en Montevideo, desde 1890. El mercado aumentó, según el mejor principio económico, con la oferta, segura, permanente, inmediata y a buen precio y, de entonces en más, las doblemente vascas zapatillas de Etchegaray, se convirtieron en pilcha infaltable, en ambos sexos, en todo el ámbito de la región, siendo, sin duda alguna, predilecta de varias generaciones de criollos y la compañera inseparable de la bombacha. Etimológicamente, alpargata está relacionada con el vocablo español, abarca.